PLEGRIA
Busco asilo
en los muros ornamentados
con mármol y oro,
en las cúpulas
duchamente decoradas
por maestros renacentistas y barrocos,
artesanos de los divino,
en vidrieras coloreadas,
éxtasis de luminosidad y belleza,
en torres infinitas, firmes,
elevadas hacia el azul celeste,
en los cantos memorizados
en tierna edad
y en el rostro de tu hijo,
expresión de sufrimiento y duelo.
Pero no hallo puerto
donde atracar mi nave
y recibirte con abrazo cálido y amable
como padre que añora
el regreso del hijo pródigo.
Mis palabras, nuestras palabras,
huracán cansado y giratorio,
Oteiciano,
mi llanto, nuestro llanto,
cansado y giratorio,
no parece perturbar tu estancia
divina y lejana.
¿No oyes a tu hijo,
a tus hijos perdidos,
ansiosos por regresar
a ti,
a tu entraña,
regazo sosegado
del hombre primero?
Sindicación
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